miércoles, 16 de octubre de 2013

Singapur, tradición innovadora


He estado ausente durante este tiempo por un motivo de peso, un viaje. Pero no un viaje cualquiera, un viaje de esos de los que probablemente recuerde cada detalle con la misma nitidez que en el momento que lo estaba viviendo.

Tras 16 horas de vuelo aterrizaba en Singapur, 7 días eran suficientes para descubrir un país que nos despertaba una gran expectación. 
Singapur es el país de las culturas, la mayor parte de la población es china, seguida de la malaya e india, pero por sus calles conviven con el máximo respeto una mezcla de culturas que nunca había visto antes. Y con sus culturas, sus barrios típicos como Chinatown o Little India, y también su gastronomía que va desde el chili crab, un cangrejo picante, pasando por excentricidades (para nosotros) como rana frita o el Singapur Sling, un cocktail que sabe a gominola y que todo el mundo que visita el país por primera vez debe probar. 

Singapur también es el país de las prohibiciones, prohibido comer chicle, prohibido llevar comida y bebida en el metro, prohibido tirar colillas, y así un sinfín más de detalles que para muchos pueden resultar incoherentes, pero que hacen sentir para los que somos de fuera que es un país totalmente educado, limpio y respetuoso. Me llamó la atención que nada más salir del aeropuerto de Changi la gente cogía los taxis de forma ordenada haciendo una fila y entrando en el que le correspondía, al igual que al coger un metro lleno, si llegabas tras la cola y no podías entrar esperabas al siguiente. Ni un papel en el suelo, ni un ápice de inseguridad por sus calles ni siquiera en altas horas de la madrugada. 


Singapur es un país totalmente recomendable, se puede visitar en pocos días y sobrevivir si uno se lo sabe montar bien, y si está dispuesto a experimentar sabores e ingredientes. Se puede comer por poco dinero en sus hawker centre, puestos de comidas diferentes donde suele ir la gente local a comer a diario. De hecho, otra de las cosas que me llamó la atención de Singapur es que no ví supermercados, así que llegué a preguntar si existían, españoles que vivían allí me confirmaron que era más barato comer en estos puestos que comprar comida del supermercado.

Singapur es un país pequeño, 700 km aproximadamente, aunque tiene 5 millones de habitantes que viven en lo alto. Imprescindible visitar su distrito financiero y caminar por sus calles donde se respira un ambiente de trabajo totalmente distinto al de España. Allí tienen otro concepto. 
Recomendable salir por Clarke Quay disfrutar de la música en directo, esta es otra de las cosas que me fascinó de este país, grupos de música animaban nuestras noches en el bar Timbre o el pub Aquanova. 


Recomendable también dar una vuelta en barco de noche, que aunque suene a típico y turístico resulta agradable descubrir su skyline iluminado, el hotel Fullerton, o sus símbolos como el Merlion y el espectacular hotel Marina Bay Sands.

Imprescindible visitar también la isla de Sentosa, a la que se accede en metro de forma fácil y muy rápida. El lugar de diversión de los Singapurenses, allí aparte de la playa se encuentra 'Universal Studios', el famoso parque de atracciones que también tiene un espacio en Singapur.



El colofón del viaje fue contemplar las inmejorables vistas del Jardín Botánico de Singapur desde nuestra habitación en la planta 36 del Marina Bay Sands, y como no, parada obligatoria, ver el sol escondiéndose entre los edificios de Singapur desde la infinity pool del hotel, todo un espectáculo para la vista, y una experiencia inolvidable.

Son unos pocos párrafos e insuficientes para describir nuestro viaje, corto pero muy intenso.
Con esta puesta de sol nos quedamos. Singapur, espéranos, volveremos pronto.


1 comentario:

Jacob K dijo...

Hola Eme,
Hoy sólo vengo a presentarme. He hecho un nuevo blog y quería invitarte para compartir contigo, si te parece bien.
Aún no tengo amigos, jajaja, ando solo por el mundo todavía. Así que si te gusta también tendrás un nuevo amigo.

Saludos,
Jacob K