jueves, 29 de septiembre de 2011

Paris, Texas

Ayer vi una de esas películas que hubiera deseado haber visto mucho antes... un film que lleva existiendo incluso antes de que yo existiera y que a estas alturas me da por descubrir, son cosas que pasan pero que no deberían haber pasado. 
Paris, Texas, un París en medio del desierto que pasa irremediablemente a formar parte de la lista de películas que me llevaría conmigo en una maleta si alguien me pidiera elegir.
Paris, Texas me ha dejado una sensación inexplicable, es sublime, una obra maestra del cine, denominada así literalmente por numerosos críticos.  
Wim Wenders dirige la cinta que entre otros premios consiguió la Palma de Oro en el festival de Cannes en 1984 y el reconocimiento de la crítica.

Travis es el fiel reflejo de una realidad que a veces no queremos ver, ¿Quién no ha soñado alguna vez con salir corriendo, dejarlo todo, correr sin rumbo hacia ninguna parte? Los motivos en ese momento son suficientes pero dan lo mismo. Travis se vuelve loco por amor, su amor se convierte en obsesión, y un día se encuentra solo caminando en medio de la nada sin saber casi ni quien es. Tampoco sabe, o no quiere saber  que el pasado siempre vuelve de una manera o de otra, te culpabiliza de tu destino, se planta frente a ti para que recuperes la cordura de golpe y entonces sientes las consecuencias, en algunos casos y en concreto como en este, son devastadoras.
Pero la vida, aunque no nos demos cuenta, a veces suele regalarnos oportunidades. Unas veces las sentimos pero no las vemos, otras las vemos pero no las sentimos y pocas veces las aprovechamos. A Travis la vida le regala la oportunidad de recomponer la pérdida, la más importante, lo único que le hacía ser quien era en medio de la nada. 
Encontrar el amor que le volvió loco le hace desnudar sus sentimientos más profundos tras un teléfono, en una de las escenas del cine que más me ha llegado de todo lo que he visto hasta ahora. 15 minutos en el "peep- show" que ya forman parte de la historia del cine como los 15 minutos brillantes. Es de entender también cuando se observa a Natasha Kinski, tras la pantalla.

Ahora solo puedo sentir envidia de todos los que aún no hayáis descubierto esta película porque podréis saborearla por primera vez...
y también entender que el amor verdadero a veces puede ser destructivo. Real.







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